El terremoto de magnitud 6,5 que sacudió la zona del sureste de Ecuador el pasado 18 de marzo ha afectado gravemente a varias comunidades de pescadores pobres del norte del Golfo de Guayaquil. A la tragedia se ha sumado una fuerte marejada y un temporal inclemente que ha afectado viviendas y esperanzas.
Los pobladores de Buena Vista, Conchal y Puerto La Cruz, en la isla Mondragón, junto a Puná, así como de Chupador Chico de un estero cercano, epicentro del sismo, han relatado que tras una semana del terremoto, la desolación causada por la sacudida se agravó con las inundaciones por el aumento del nivel del mar debido al oleaje o marejada que ha trepado el nivel de las aguas hasta la cintura.
Las comunidades de pescadores del norte de esa región se han visto más afectadas debido al olvido permanente del que han sido víctimas. El temblor desnudó el abandono y ha dejado en zozobra a la población que clama cualquier tipo de ayuda.
Cristian de la Torre, de la Federación Nacional de Cooperativas Pesqueras (Fenacopec), visitó la zona para recoger información que permita contribuir con las soluciones que requiere la población. Admitió que las de esa región son «comunidades prácticamente abandonadas» que no cuentan con una asistencia estatal adecuada y que necesitan ayuda urgente.
La gente del lugar mayoritariamente pide que se levanten muros de contención para frenar la subidas de las mareas hacia las zonas pobladas, así como rellenos sanitarios en los lugares de viviendas. También alimentación y atención sanitaria, así como la presencia de policías o marinos de la Armadas para que custodien la zona, donde suelen actuar los llamados «piratas del golfo», delincuentes que roban las capturas a los pequeños pescadores de la zona.
La conectividad en la zona es muy mala, el internet y la comunicación telefónica a veces depende de que funcione un generador de luz que se prende a determinadas horas. Muchos de los vecinos salieron al escampado para orar, un ritual que aún lo cumplen en comunidad porque temen que vuelva a pasar.